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Línea de Obra
Guía técnica

La ventilación de las viviendas según el CTE: caudales mínimos, admisión y extracción

Admisión en salón y dormitorios, circulación interior y extracción en cocina y baños: así funciona la ventilación general que el Código Técnico exige a toda vivienda, y por qué tapar una rejilla equivale a apagarla.

Redacción Línea de Obra · 2 de noviembre de 2026 · 5 min de lectura

La ventilación de las viviendas según el CTE: caudales mínimos, admisión y extracción
Imagen editorial generada con IA para Línea de Obra

Toda vivienda construida en España desde la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación debe disponer de un sistema de ventilación general. No es una recomendación de confort: es una exigencia de salubridad, porque el aire interior acumula humedad, dióxido de carbono y contaminantes de cocinas y materiales, y las viviendas modernas, cada vez más herméticas, ya no se ventilan solas por las rendijas de las carpinterías antiguas.

El flujo dirigido: por dónde entra y por dónde sale el aire

El esquema que fija el CTE DB HS 3 es un flujo dirigido: el aire exterior entra por las estancias secas -salón, comedor y dormitorios- a través de aberturas de admisión en carpinterías o fachada, atraviesa la vivienda por pasillos y puertas con paso de aire, y sale por las estancias húmedas -cocina, baños y aseos- mediante aberturas de extracción conectadas a conductos. La lógica es doble: las estancias nobles reciben el aire más limpio y las húmedas expulsan olores y vapor sin contaminar el resto de la casa.

Los caudales mínimos se fijan por habitante y por pieza: dormitorios y salones exigen un caudal de admisión por ocupante, y baños y cocina un caudal de extracción por estancia. La cocina tiene una exigencia adicional durante la cocción, satisfecha por la campana o por extracción suplementaria. Estos caudales condicionan el diámetro de conductos y la sección libre de las rejillas, y explican por qué las rejillas de admisión de las ventanas no son decorativas: taparlas equivale a apagar la ventilación.

El dimensionado del sistema es trabajo de instalaciones: conductos con sección suficiente, ventiladores con la presión adecuada para vencer las pérdidas de carga, aberturas de paso entre estancias y rejillas de entrada y extracción colocadas donde el flujo las necesita. El sistema mal dimensionado se oye -el silbido de la rejilla pequeña- o no se nota -el caudal insuficiente que no renueva nada-: ambos fallos son de proyecto, no de norma.

Los garajes, trasteros y espacios comunes tienen su propio capítulo de ventilación -los garajes con exigencias específicas por la contaminación de los vehículos- y las cocinas y baños de los edificios terciarios multiplican los caudales del residencial. El principio es el mismo en todos los usos: el aire viciado sale por donde se genera, el aire nuevo entra por donde se vive, y el flujo no se invierte nunca.

La ejecución puede ser híbrida -conductos verticales con aspiración natural apoyada por ventiladores cuando la diferencia de temperatura no basta- o mecánica, con extractor permanente. La tendencia en obra nueva eficiente es la ventilación mecánica controlada de doble flujo con recuperación de calor: una máquina impulsa y extrae a la vez, y el aire de admisión se precalienta con el aire viciado que se expulsa, de modo que ventilar deja de ser perder calor en invierno.

La higroregulación es la solución española elegante: las rejillas y aberturas que modulan su paso según la humedad relativa de la estancia -más caudal donde y cuando se produce vapor: duchas, cocinas, dormitorios ocupados- ajustan la ventilación a la necesidad real sin electrónica compleja. Es una tecnología madura, barata y muy extendida en la vivienda colectiva, y su mantenimiento -limpieza periódica- es el precio de su fiabilidad.

La ventilación de doble flujo con recuperación tiene una lectura de confort adicional: filtra el aire de entrada -polen, polvo- y estabiliza la renovación sin abrir ventanas, lo que en ciudades con ruido o mala calidad del aire exterior cambia la vida cotidiana. Su mantenimiento, sin embargo, es innegociable: filtros sucios equivalen a caudal perdido.

Los fallos más habituales en obra son la falta de paso de aire bajo las puertas -que rompe el circuito-, los conductos con codos y longitudes excesivas que reducen el caudal real y las extracciones de baño que descargan en falsos techos en lugar de al exterior. Todos son defectos invisibles en la visita de compra y visibles años después en moho y condensaciones.

El futuro del documento apunta a la calidad del aire medida: sensores de dióxido de carbono y partículas que gobiernan el caudal, ventilación a demanda real y monitorización que informa al usuario. La vivienda que conoce la calidad de su aire y reacciona es el siguiente estándar -y la norma de ventilación, que ya fue pionera en Europa, prepara su siguiente revisión en esa dirección-.

La relación entre ventilación y eficiencia es el equilibrio fino del edificio moderno: renovar el aire cuesta energía -el aire nuevo hay que calentarlo o enfriarlo- y por eso la recuperación de calor del aire extraído es la tecnología que reconcilia salud y ahorro; y renovar de más es derrochar, renovar de menos es enfermar. El estándar de consumo casi nulo y la ventilación con recuperación son dos caras del mismo edificio.

En el parque existente, incorporar ventilación es la asignatura pendiente de la rehabilitación energética: las soluciones descentralizadas -pequeñas unidades por fachada con recuperación- permiten ventilar vivienda a vivienda sin grandes conductos. Quien reforma una vivienda antigua y sella carpinterías sin planificar la ventilación cambia un problema de corrientes por uno de condensaciones.

La comprobación práctica para el habitante es sencilla: con las ventanas cerradas, acercar un papel a la rejilla de extracción del baño debe mostrar aspiración perceptible, y las rejillas de admisión deben estar libres y regulables. Si la vivienda se empaña por dentro en invierno con calefacción encendida, la ventilación no está funcionando como el CTE la diseñó.

El mantenimiento es el eslabón olvidado: la rejilla con polvo, el conducto sin limpiar, la campana que recircula en lugar de extraer -la ventilación deja de ventilar sin avisar-. La revisión periódica es barata y su efecto, inmediato: la casa que respira bien se nota en el olor, en la humedad y en el descanso. La norma diseñó el sistema; la vida lo ensucia -y entre ambos, la limpieza anual de rejillas y extracción es el seguro de que el aire siga haciendo su trabajo invisible-.

La verificación en obra y en uso cierra el círculo: medición de caudales en la recepción de la instalación, mantenimiento de filtros y equipos en la vida del edificio, y la educación del usuario -la ventilación funciona con las rejillas abiertas y las puertas con su paso libre: el sistema tapado no ventila-. El aire de la vivienda es un servicio, y como todo servicio exige instalación, uso y mantenimiento.

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