La ventilación de las viviendas según el CTE: caudales mínimos, admisión y extracción
Admisión en salón y dormitorios, circulación interior y extracción en cocina y baños: así funciona la ventilación general que el Código Técnico exige a toda vivienda, y por qué tapar una rejilla equivale a apagarla.

Toda vivienda construida en España desde la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación debe disponer de un sistema de ventilación general. No es una recomendación de confort: es una exigencia de salubridad, porque el aire interior acumula humedad, dióxido de carbono y contaminantes de cocinas y materiales, y las viviendas modernas, cada vez más herméticas, ya no se ventilan solas por las rendijas de las carpinterías antiguas.
El flujo dirigido: por dónde entra y por dónde sale el aire
El esquema que fija el CTE DB HS 3 es un flujo dirigido: el aire exterior entra por las estancias secas -salón, comedor y dormitorios- a través de aberturas de admisión en carpinterías o fachada, atraviesa la vivienda por pasillos y puertas con paso de aire, y sale por las estancias húmedas -cocina, baños y aseos- mediante aberturas de extracción conectadas a conductos. La lógica es doble: las estancias nobles reciben el aire más limpio y las húmedas expulsan olores y vapor sin contaminar el resto de la casa.
Los caudales mínimos se fijan por habitante y por pieza: dormitorios y salones exigen un caudal de admisión por ocupante, y baños y cocina un caudal de extracción por estancia. La cocina tiene una exigencia adicional durante la cocción, satisfecha por la campana o por extracción suplementaria. Estos caudales condicionan el diámetro de conductos y la sección libre de las rejillas, y explican por qué las rejillas de admisión de las ventanas no son decorativas: taparlas equivale a apagar la ventilación.
El dimensionado del sistema es trabajo de instalaciones: conductos con sección suficiente, ventiladores con la presión adecuada para vencer las pérdidas de carga, aberturas de paso entre estancias y rejillas de entrada y extracción colocadas donde el flujo las necesita. El sistema mal dimensionado se oye -el silbido de la rejilla pequeña- o no se nota -el caudal insuficiente que no renueva nada-: ambos fallos son de proyecto, no de norma.
Los garajes, trasteros y espacios comunes tienen su propio capítulo de ventilación -los garajes con exigencias específicas por la contaminación de los vehículos- y las cocinas y baños de los edificios terciarios multiplican los caudales del residencial. El principio es el mismo en todos los usos: el aire viciado sale por donde se genera, el aire nuevo entra por donde se vive, y el flujo no se invierte nunca.
La ejecución puede ser híbrida -conductos verticales con aspiración natural apoyada por ventiladores cuando la diferencia de temperatura no basta- o mecánica, con extractor permanente. La tendencia en obra nueva eficiente es la ventilación mecánica controlada de doble flujo con recuperación de calor: una máquina impulsa y extrae a la vez, y el aire de admisión se precalienta con el aire viciado que se expulsa, de modo que ventilar deja de ser perder calor en invierno.
La higroregulación es la solución española elegante: las rejillas y aberturas que modulan su paso según la humedad relativa de la estancia -más caudal donde y cuando se produce vapor: duchas, cocinas, dormitorios ocupados- ajustan la ventilación a la necesidad real sin electrónica compleja. Es una tecnología madura, barata y muy extendida en la vivienda colectiva, y su mantenimiento -limpieza periódica- es el precio de su fiabilidad.
La ventilación de doble flujo con recuperación tiene una lectura de confort adicional: filtra el aire de entrada -polen, polvo- y estabiliza la renovación sin abrir ventanas, lo que en ciudades con ruido o mala calidad del aire exterior cambia la vida cotidiana. Su mantenimiento, sin embargo, es innegociable: filtros sucios equivalen a caudal perdido.
Los fallos más habituales en obra son la falta de paso de aire bajo las puertas -que rompe el circuito-, los conductos con codos y longitudes excesivas que reducen el caudal real y las extracciones de baño que descargan en falsos techos en lugar de al exterior. Todos son defectos invisibles en la visita de compra y visibles años después en moho y condensaciones.
El futuro del documento apunta a la calidad del aire medida: sensores de dióxido de carbono y partículas que gobiernan el caudal, ventilación a demanda real y monitorización que informa al usuario. La vivienda que conoce la calidad de su aire y reacciona es el siguiente estándar -y la norma de ventilación, que ya fue pionera en Europa, prepara su siguiente revisión en esa dirección-.
La relación entre ventilación y eficiencia es el equilibrio fino del edificio moderno: renovar el aire cuesta energía -el aire nuevo hay que calentarlo o enfriarlo- y por eso la recuperación de calor del aire extraído es la tecnología que reconcilia salud y ahorro; y renovar de más es derrochar, renovar de menos es enfermar. El estándar de consumo casi nulo y la ventilación con recuperación son dos caras del mismo edificio.
En el parque existente, incorporar ventilación es la asignatura pendiente de la rehabilitación energética: las soluciones descentralizadas -pequeñas unidades por fachada con recuperación- permiten ventilar vivienda a vivienda sin grandes conductos. Quien reforma una vivienda antigua y sella carpinterías sin planificar la ventilación cambia un problema de corrientes por uno de condensaciones.
La comprobación práctica para el habitante es sencilla: con las ventanas cerradas, acercar un papel a la rejilla de extracción del baño debe mostrar aspiración perceptible, y las rejillas de admisión deben estar libres y regulables. Si la vivienda se empaña por dentro en invierno con calefacción encendida, la ventilación no está funcionando como el CTE la diseñó.
El mantenimiento es el eslabón olvidado: la rejilla con polvo, el conducto sin limpiar, la campana que recircula en lugar de extraer -la ventilación deja de ventilar sin avisar-. La revisión periódica es barata y su efecto, inmediato: la casa que respira bien se nota en el olor, en la humedad y en el descanso. La norma diseñó el sistema; la vida lo ensucia -y entre ambos, la limpieza anual de rejillas y extracción es el seguro de que el aire siga haciendo su trabajo invisible-.
La verificación en obra y en uso cierra el círculo: medición de caudales en la recepción de la instalación, mantenimiento de filtros y equipos en la vida del edificio, y la educación del usuario -la ventilación funciona con las rejillas abiertas y las puertas con su paso libre: el sistema tapado no ventila-. El aire de la vivienda es un servicio, y como todo servicio exige instalación, uso y mantenimiento.
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