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Los índices oficiales del precio de la vivienda: qué mide el INE, el INE notarial y los registradores

Índice de precios del INE, estadística notarial, registradores, tasadoras: cada índice mide algo distinto. La guía para entender qué cifra de precios es la fiable para cada pregunta.

Redacción Línea de Obra · 2 de noviembre de 2026 · 5 min de lectura

Los índices oficiales del precio de la vivienda: qué mide el INE, el INE notarial y los registradores
Imagen editorial generada con IA para Línea de Obra

El precio de la vivienda en España se mide con varios índices oficiales que no siempre coinciden -y la discrepancia no es un fallo: es que cada uno mide algo distinto con metodología propia-. Saber qué índice responde a cada pregunta es imprescindible para analizar el mercado, valorar una compra o entender las noticias inmobiliarias. Esta guía ordena las fuentes oficiales y explica qué mide cada una.

El índice del INE: la referencia estadística oficial

El Índice de Precios de Vivienda del INE es la referencia oficial del mercado residencial español: mide la evolución de los precios de compraventa de viviendas -nuevas y de segunda mano- con periodicidad trimestral, a partir de la información de las escrituras de compraventa inscritas en los registros de la propiedad. Su ventaja es la cobertura -todo el país, toda la vivienda compravendida- y su desglose por comunidad autónoma y por vivienda nueva y usada; su límite, el desfase temporal -los datos llegan con meses de retraso- y la agregación: es un índice, no el precio de una casa concreta.

El IPV del INE tiene la solidez de la estadística oficial: metodología europea armonizada -comparable con los índices del resto de la UE-, serie larga y homogénea que permite leer ciclos completos, y desagregación por vivienda nueva y de segunda mano y por comunidad autónoma. Es el dato de la historia larga: cuando se dice que la vivienda subió un tanto por ciento en una década, la cifra es del INE -y su comparabilidad es su valor: mide lo mismo con el mismo metro durante años-.

El IPV del INE es el dato que usan los análisis serios para comparar periodos y territorios: permite saber cuánto ha subido o bajado el mercado de cada comunidad con homogeneidad metodológica, y su serie larga ordena la historia de los ciclos inmobiliarios españoles. Lo que no hace: valorar una vivienda concreta ni anticipar el próximo trimestre.

Notarios y registradores: las operaciones reales, dos miradas

La estadística de compraventas inmuebles del Consejo General del Notariado aporta la mirada de las escrituras: compraventas formalizadas ante notario, con precios medios por metro cuadrado y desglose fino por provincia y municipio, y con la rapidez de lo notarial -el dato notarial llega antes que el registral-. La estadística del Colegio de Registradores añade la visión de la inscripción: operaciones registradas, con su índice de precios propio y series por provincias.

Las diferencias metodológicas entre fuentes explican los titulares aparentemente contradictorios: notarios miden el precio de la escritura en la fecha de firma -operaciones cerradas con su precio real, con las particularidades de su muestra-, registradores añaden la composición de lo comprado, tasadoras miden el valor de tasación -para el crédito, con su prudencia institucional-, portales miden el precio de oferta -el que el vendedor sueña, no el que el mercado paga: sistemáticamente por encima del de cierre-. No es que unos mientan: miden cosas distintas del mismo animal -y el titular que no dice qué índice usa, usa el que mejor le conviene-.

Las diferencias entre fuentes son metodológicas y explicables: el notario cuenta la escritura el día que se firma y el registrador cuando se inscribe -de ahí los desfases-; el INE elabora índice con ajustes de calidad mientras las medias simples de precio por metro cuadrado se contaminan del mix de lo vendido -si un trimestre se venden más áticos, la media sube aunque el mercado no se mueva-. La lección práctica: los índices miden tendencia y las medias describen operaciones; no son intercambiables.

Las tasadoras y los portales: el complemento privado

El cuadro se completa con fuentes privadas útiles pero distintas: las tasadoras homologadas publican estadísticas de valor de tasación -el valor que los peritos asignan para las hipotecas, con su sesgo hacia la vivienda hipotecada-; y los portales inmobiliarios publican sus índices de precios de oferta -lo que los vendedores piden, no lo que se paga: sistemáticamente por encima del precio de cierre y con el sesgo de su propia cartera-.

La regla de uso es el brújula del lector informado: evolución oficial y comparables -INE-; operaciones reales con detalle territorial -notarios y registradores-; valor de tasación y crédito -las tasadoras-; temperatura de la oferta y velocidad del mercado -los portales, con el descuento mental de que son precios de anuncio-. Cuatro miradas del mismo mercado: el analista serio las usa todas y las nombra; el titular serio, también -y el lector, ya sabe preguntar: ¿qué fuente?-.

La regla de uso para no confundirse: para la evolución oficial del mercado, el IPV del INE; para el pulso rápido de las operaciones, el notariado; para el detalle provincial, registradores y notariado; para el valor de tasación hipotecaria, las tasadoras; y para la temperatura de la oferta, los portales -sabiendo que miden expectativas, no cierres-. Las cinco miradas juntas dibujan el mercado; una sola, dibuja solo una parte.

La conclusión: el precio de la vivienda no tiene una cifra sino varias, cada una honesta con su método: INE para la tendencia oficial, notariado para la rapidez, registradores para el detalle, tasadoras para el valor hipotecario y portales para la oferta. El error clásico es comparar cifras de fuentes distintas como si midieran lo mismo; el acierto es elegir el índice que responde a la pregunta que uno se hace.

La lectura correcta es la de la complementariedad: el INE da la serie larga y comparable, los registradores el valor de escritura, el MIVAU su estimación de mercado -y los portales privados, con otra metodología, el precio de oferta-. Ninguno es la verdad única: cada uno mide una fase del mercado -y el análisis serio los cruza, sabiendo qué pregunta responde cada índice. El dato oficial es el hueso del análisis; la interpretación, el oficio-.

La conclusión del mapa de índices: el precio de la vivienda no tiene una cifra sino una familia -y la familia se lleva bien cuando cada miembro dice su verdad con su método-. El error no es usar uno u otro: es mezclarlos sin saberlo. El mercado de la vivienda español es de los mejor medidos de Europa: abundan los datos -y lo que falta, como siempre, es la disciplina de leer cada cifra con su etiqueta de origen-.

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